Wolfgang Amadeus Mozart y Constanze Weber

“Bajo mi punto de vista una persona soltera vive solo a medias…”

Constanze Mozart

Pintura al óleo de Joseph Lange (1751–1831) realizada en el año 1782 (The Hunterian Museum and Art Gallery, University of Glasgow) Fuente: Wikimedia
1781-1782
Salzburgo
Placa conmemorativa de la boda de Wolfgang Amadeus Mozart y Constanze Weber el 4 de agosto de 1782 en la catedral de San Esteban de Viena

Placa conmemorativa de la boda de Wolfgang Amadeus Mozart y Constanze Weber el 4 de agosto de 1782 en la catedral de San Esteban de Viena

Fuente: Wikimedia

Leopold Mozart no se escondió y opinó que Constanze Weber no era el buen partido que él hubiera deseado para su hijo Wolfgang. Pero desde Salzburgo Leopold tenía las manos atadas. Y Wolfgang Amadeus Mozart no permitió, como en otras muchas ocasiones, que nadie se inmiscuyera en su vida y en sus decisiones. Amaba a Constanze y quiso casarse con ella a toda costa. Pero Wolfgang, que por aquel entonces tenía 25 años, tuvo que enfrentarse a diferentes dificultades.

Por una parte no se atrevía a contarle a su padre la verdad a cerca de su relación con Constanze. Hasta poco antes de la boda no le contó a su padre nada, lo que le provocaba una intranquilidad profunda. Por otra parte, la madre de Constanze, Cäcilia Weber, presionaba considerablemente a Wolfgang ya que ella creía que de esa unión podría sacar algún provecho.

Un rapto en tiempos pobres

En 1781 Wolfgang Amadeus Mozart trabajaba en la ópera de estilo turco “El rapto en el serrallo” en la que el personaje principal se llamó por casualidad Constanze. En esta obra Mozart se inspiró en sus sentimientos por su gran amor. Al mismo tiempo se ocupó de la música eclesiástica de Johann Sebastian Bach, una pasión, que compartía con Constanze Weber. Entretanto abandonó la casa de la familia Weber para mudarse a una habitación que alquiló en el barrio vienés de “Graben”. Su manutención se la ganaba con altibajos dando clases a estudiantes de música y dando conciertos privados en casas, pero seguía buscando un puesto de trabajo fijo.

“El rapto en el serrallo” fue un éxito grandioso, pero Mozart obtuvo tan solo el irrisorio honorario acordado de 100 florines. Esto no le impidió desposar a su amada Constanze Weber un mes más tarde en la catedral de San Esteban en Viena. Empezaría una vida repleta de altibajos…