La última ópera de Mozart

Para la coronación de Leopold II como rey de Bohemia Mozart escribe “La clemencia de Tito”

“Un momento de los últimos días de Mozart” (Detalle)

Litografía de Eduard Friedrich Leybold (1798–1879) siguiendo el estilo Franz Schramms (1823–1883) 1857 Fuente: Wikimedia
1791
Praga
El libreto escrito por Pietro Metastasio “La clemencia de Tito” tuvo que ser adaptado para la versión musical de Mozart, esta adaptación fue realizada por el poeta de la corte de Sajonia Caterino Mazzolà

El libreto escrito por Pietro Metastasio “La clemencia de Tito” tuvo que ser adaptado para la versión musical de Mozart, esta adaptación fue realizada por el poeta de la corte de Sajonia Caterino Mazzolà

Grabado en acero del siglo XIX Fuente: Wikimedia
Extracto de una página del manuscrito del “Requiem” de Mozart con el título para el primer movimiento

Extracto de una página del manuscrito del “Requiem” de Mozart con el título para el primer movimiento

1791 (Biblioteca nacional de Austria en Viena) Fuente: Wikimedia

En el verano de 1791 Constanze vuelve por fin a su casa. Dio a luz al sexto hijo de Mozart: Franz Xaver Wolfgang. En esos momentos Mozart se encontraba sumido en los trabajos de composición de “La flauta mágica” y además escribe para una obra que le fue encargada misteriosamente ya que el cliente quiso permanecer anónimo: el mítico “Réquiem”. Mozart tuvo que aplazar estos trabajos cuando Leopold II fue coronado en Praga como rey de Bohemia, ya que a Mozart le llegó el encargo de escribir la ópera de coronación: “La clemencia de Tito” que debería estar lista en cuatro semanas.

Hizo un esfuerzo desmesurado para escribir esta composición. Muy débil y deprimido Mozart compuso de día y de noche bajo mucha presión. Incluso de camino hacia Praga continuó trabajando en esta composición. La ópera no tuvo éxito, pero a él le dio igual; cobró sus honorarios y marchó de vuelta a Viena para poder seguir trabajando en la “La flauta mágica” y en el “Réquiem”.

Wolfgang Amadeus Mozart y la masonería

Mozart no fue una persona convencional del tiempo que le tocó vivir. Su físico llamaba la atención y era una persona muy divertida que siempre estaba dispuesto a hacer bromas infantiles y tonterías. Pero por otra parte también tenía un carácter muy serio y formal. Vivió la humanidad y la tolerancia, seguramente fue esta la razón principal por la que en 1784 entró a formar parte de la logia masónica de Viena “de la beneficencia”, al igual que lo hicieron muchos de sus conocidos de Viena. La masonería exigía un desarrollo propio hacia lo bueno de sus miembros, ellos se ocupaban principalmente del estudio y la aclaración y así la masonería era un punto de encuentro de científicos, artistas, médicos y autores literarios. Allí Mozart encontró a personas que pensaban igual que él con los que mantuvo una larga y cuidada relación.

 Un encargo misterioso: “Réquiem” de Mozart

Es una pura casualidad que la última obra incompleta de Mozart fuera un réquiem. El encargo se le fue dado mediante un mensajero desconocido. Mozart nunca llegó a conocer al verdadero cliente. Fue un tal Conde Franz Walsegg-Stuppach, un compositor aficionado que después de la muerte de su esposa le encargó a Mozart la composición de un réquiem y que pretendía darlo a conocer como una de sus propias obras.

El mensajero le pagó en efectivo y Mozart, que se encontraba en una precaria situación económica y personal, no pudo rechazarlo. Su acreedor, el príncipe Lichnowsky ya había presentado una demanda judicial por impago contra la familia Mozart. Se trataba de 1435 Florines, al cambio aproximadamente unos 45.000 Euros. Además de todos estos problemas, en ese tiempo Mozart sufrió de fiebres reumáticas, algo de lo que Mozart siempre había sufrido de niño, así como también de depresiones y de soledad. Quizás por todos estos motivos Mozart interpretó el encargo misterioso de componer un réquiem como un mensaje de la muerte; a parte de su lamentable estado físico, sospechaba de un lento envenenamiento: “yo sé que tengo que morir… lo escribo para mí mismo” (refiriéndose a “El Réquiem”).

Consuelo y fuerza de la masonería, y la última composición

Para poder evadirse por poco tiempo de sus imaginaciones y del miedo de la muerte, Mozart compuso la obra “La pequeña cantata masónica” que fue estrenada y dirigida por él mismo en la inauguración de un nuevo templo masón. Esta obra sería la última obra completa que Mozart escribió.

Días más tarde, su lamentable estado de salud le obligó a permanecer en la cama. Tenía mucha fiebre, sus pies y sus manos estaban hinchados, sufría muchísimos dolores. Mozart, en su lecho de muerte, pudo comprobar cómo su obra “La flauta mágica” fue estrenada entre los aplausos y el entusiasmo del público y cómo se convirtió en un rotundo éxito que cada noche llenaba las óperas. Una de sus última alegrías…