Mozart y el amor

“Sin mi amada Constanze no puedo estar ni feliz ni contento”

Escena de amor de la ópera de Mozart “Las bodas de Fígaro”

Acuarela de un artista desconocido Siglo XIX Fuente: Wikimedia
Amor
Aloysia Lange, de soltera Weber, representando el papel de Zémire en la ópera “Zémire et Azor” de André Grétry

Aloysia Lange, de soltera Weber, representando el papel de Zémire en la ópera “Zémire et Azor” de André Grétry

Pintura al óleo de Johann Baptist Lampi d. Ä. (1751–1830) realizada alrededor del año 1784 (desaparecida) Fuente: Wikimedia

Wolfgang Amadeus Mozart no era un hombre atractivo, más bien al contrario; un hombre pequeño que tenía cicatrices de viruela en la cara y que no presentaba un modelo normal de hombre. Pero era un hombre gracioso que siempre tenía un chiste para los demás y diversiones vulgares, una persona muy abierta que amaba y disfrutaba la vida.

Con 20 años, cuando él y su madre llegaron a Augsburgo en busca de un trabajo, se entusiasmó con su prima Thekla Mozart, Hoy en día se conservan algunas cartas muy divertidas y con muchos chistes que Wolfgang le escribió a su prima.

Un año más tarde se enamoró más profundamente de Aloysia Weber, la hija mayor de la familia Weber, una familia vienesa de músicos, la que le acompañó en 1778 en su viaje a La Haya.
Para ella, la joven soprano, escribió arias de sentimiento y pasión.
Pero ella rechazó la propuesta de matrimonio del joven Mozart.

…y otra vez una hija de la familia Weber

Cuando Mozart se fue a vivir a Viena ocupó una habitación amueblada en la casa de la familia Weber y conoció a Constanze Weber. Se casó con ella en contra de la voluntad de su padre Leopold y bajo la recelosa mirada de la madre de Constanze, Cäcilia Weber, que había enviudado recientemente. Sin tener en cuenta todos estos inconvenientes Mozart y Constanze planearon un futuro feliz y se casaron. Hay muchas cartas de la pareja que comprueban estas circunstancias. Constanze Mozart se ajustó en muchas facetas a su especial marido; ella estaba dotada de capacidades musicales, sabía cómo llevar una casa y le facilitó a su marido en todo lo que pudo sus trabajos de composición. En los nueve años de matrimonio, hasta que Mozart murió, ella tuvo seis hijos.
A él no le gustaba separarse de ella, pero cuando tenía que hacerlo le escribía cartas pasionales: “…No puedes imaginarte lo lentamente que pasa el tiempo sin ti”